Lo que aprendí con Gabina, en 7 años de Terapia (Si me pagaran por cada vez que defiendo a la psicología sería millonaria. Jijij):
*Aprendí a reírme de mí misma. O sea: a no tomarme tan en serio.
*Aprendí, sin ir más lejos, a encontrar en mí la fortaleza necesaria para construir mi cuartito propio, como decía la Virginia Woolf, con todo lo que eso implica. Pese a que hoy lo sienta como un peso.
*Empecé a dibujar y a confiar en mis trazos. Ella fue mi primer fan, de hecho.
*Encontré en mí una expresividad totalmente opacada, que volvió a surgir y brillar, como cuando era pequeña.
*Me acostumbré a mantener la capacidad de asombro intacta, cada sesión era sacar una genialidad tras otra.
*Empecé a creer en los abrazos fuerttttes y largos. Ella siempre me los daba, con una sonrisa de oreja a oreja, y ahora soy yo la que abraza a mansalva.
*También aprendí que el sol es el rey, no porque tenga corona, sino porque es parte de nuestras necesidades vitales, y hay que absorberlo mucho, mientras esté.
¿Sigo?
Bueno, sigo.
Gabina, en síntesis, me enseñó a amarme con una fuerza realmente poderosa. En ella podía reflejarme y acomodarme-cómoda para que me dé los hilos que luego yo en casa, arte mediante, desenredaría para darle forma a lo único que me mantiene viva: CREAR PARA CREER Y VICEVERSA.
Gracias por todo y te amo. Te amo con todo mi corazón. Me tuviste paciencia, fe y admiración. ¡Y me lo decías! ¡Todavía no me lo creo que vos aprendías de mí, tanto como yo de vos! Pero hoy que venís y me lo confesás, a viva voz, te creo. Y también lloro otro poco, por lo que construimos juntas y por el ciclo que se cerró.
"Nada es para siempre" canta la Fabi Cantilo. Pero lo nuestro menos mal que existió.
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