La quisiera lo más sencilla posible: desnuda, esencial, inocente.

¿Qué puedo cuidar yo?

Yo que necesito de los brazos de una mujer para morir y para volver a nacer. Yo que si no doy con sus dos ojos me entristezco. Y yo que me entristezco por igual si los encuentro. Yo que perdí todo por querer meter en cajas lo que amaba. Y una noche no me basta para hacer de tu lectura un buen andén. Sin embargo me escabullo en las palabras porque sé, sé que a tu silencio en carne y hueso no lo encuentro, y que a tu voz la apago sólo con mis fieras. Fieras que me cierran, que te sueltan y me enredan. Voy a abrirte como a un libro, compañera. Soy la rima que no encaja en tu estrategia. ¿Y qué puedo decir yo? Idioteces viejas, idioteces nuevas. Yo que callé todo por haber metido en cajas lo que amaba. Yo que perdí mi fuego. Yo que gané tu rabia. Yo que soy necia y torpe. Yo que no gano nada.

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