La quisiera lo más sencilla posible: desnuda, esencial, inocente.

Todo y nada.

Tendré que parpadear sin ojos y aplaudir sin manos.
Es lo que me toca por quererte sin motivos y ordenarte como a un lío.
Son las consecuencias de una ingenuidad mal construida
y de verdades rotas por la desesperanza.
Igual ¡qué más da!
Ya tengo dedos amarillos
y una espalda desacostumbrada a la sutileza del recuerdo.
Y esto sin contar el inventario de deseos que quemó tu desvarío.
¡Pobre loca reventada!
Coleccionabas despedidas y sonrisas mal trazadas,
rozabas el engaño, los temores, la ignorancia.
¿Y me importaba cuánto? ¿Cuánto?
Casi nada.
Yo te admiraba como una condenada.
Yo te buscaba idiota y desalmada,
entre retazos de personas, en miradas.
Pero vos te fuiste entera.
Te llevaste TODO.

No dejaste NADA.

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