La quisiera lo más sencilla posible: desnuda, esencial, inocente.

Sorpresa.

No soy pobre en la medida en que tengo todo para dar, en la medida en que me doy en oro puro, pero a tu barro, que es burlón y compadrito. No soy pobre en la medida en que miro tus ojos y conozco los placeres de todos los mundos, los sabores de todas las pieles, los colores de todos los rumbos. No soy pobre en la medida en que caigo en tus manos, subo a tu espalda y quiebro en tu boca. Y menos que menos soy pobre cuando solés alimentarme de derrotas, cuando al volar dejás bailar las moneditas, que caen de cara boca abajo en la vereda. Prefiero entrar cuando se encuentre sin remera. Quiero perderme a simple vista o incendiarla.

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