La quisiera lo más sencilla posible: desnuda, esencial, inocente.

No tanto.

¿A qué venía yo? Ah, a decirte que pierdo. Sí, ya sé que no te importa. Pero eso, pierdo. Porque no soy dama, porque no soy caballero y porque no tengo memoria. Lo único que sé, y esto sí que lo sé, es que me domaron tan bien que a la jaula si no la tengo me la invento. Siempre tuve a una guerrera haciendo dedo y poesía adentro. Y al mate, todavía, no lo tomo con placer si no está hirviendo. 

¿Qué quiero decir con esto? ¡Tantas cosas! "¡Hijos de puta!" por ejemplo.

Nada, nada, mejor ni te cuento. Hace meses que mejor yo ni te cuento.
No me creerías si te digo POZO DOLOR PROFUNDO ADENTRO.
Pero si yo pudiera mostrarte los ojos,
a vos que me soltaste la mano,
o a vos que me saludás siempre de lejos,
o a vos que por mí apostás más de una ficha,
o a vos que por mí no tirás ni medio centro,
si yo pudiera mostrarte los ojos,
esos que pongo cuando ya no tengo labios
o esos que vieron solamente mi vieja y un par de extraños

si yo pudiera mostrarte esos ojos

te darías cuenta, al menos, de que me parezco a vos pero no tanto.

"Dame la mano y no mires abajo..."

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